Las consecuencias del informe de la ASF

05 / mar / 2015

Como es del conocimiento del lector, el Informe del Resultado de la Fiscalización Superior de la Cuenta Pública 2013, se presentó ante la Cámara de Diputados el pasado 18 de febrero. Ya es tradicional, por así decirlo, que en las semanas siguientes se presente un gran cúmulo de reacciones en los distintos medios de comunicación, conforme empieza a darse a conocer el contenido de distintas auditorias que tienen resonancia en el interés público.

Hay que señalar que, de conformidad con el marco legal que rige el proceso de fiscalización en México, es preciso tener en cuenta que la presentación de los resultados es únicamente una etapa; los entes auditados cuentan con un periodo específico para ofrecer a la ASF documentación y alegatos en respuesta a las observaciones planteadas en las revisiones.

A mi parecer, se pueden distinguir tres tipos de reacción a los resultados de la fiscalización: el primero se basa en notas de reacción inmediata que buscan temas no identificados, en una primera instancia, por los medios en competencia.

El segundo se refiere a una evaluación crítica que se caracteriza por llegar a una conclusión generalizada de que el sector público presenta serias deficiencias e incurre, sistemáticamente, en actos irregulares como parte de su funcionamiento.

Una tercera opción está representada por distintos formadores de opinión que, con base en el análisis de casos particulares, buscan ofrecer al público una aproximación centrada en aspectos estructurales, así como plantear alternativas para su solución.

En un país democrático, estas alternativas, y otras más, contribuyen a enriquecer el debate, y aportan elementos que pueden resultar complementarios en aras de obtener un panorama general de lo que para la sociedad implican las observaciones y hallazgos de la revisión del uso de los recursos públicos.

Creo que todo intercambio de puntos de vista que coadyuve al establecimiento de modificaciones de fondo que permitan alcanzar un mejor nivel en cuanto a la gestión pública es bienvenido; nuestro cometido es ofrecer información independiente y objetiva para que la Cámara de Diputados, los entes auditados y el público en general, cuenten con elementos para que, en sus respectivos ámbitos de acción, contribuyan a modificar las condiciones que ponen en riesgo la eficacia y la eficiencia del ejercicio gubernamental.

En atención a la situación actual del país y la visión que se tiene en cuanto a temas como credibilidad en las instituciones, la cuestión de las sanciones ocupa un lugar preponderante en la demanda pública. Es evidente que el Estado, en todos sus niveles, tiene la obligación de sancionar, conforme a la ley, cualquier acción irregular que sea detectada. Sin embargo, yo he mantenido que la sanción, cuando no forma parte de un sistema integral acompañado de acciones preventivas y de control, se limitará a casos específicos sin que éstos tengan un efecto demostrativo que influya en los incentivos existentes para actuar de manera inadecuada.

Este, como otros temas, forma parte del entramado que se propone para sustentar un eventual Sistema Nacional Anticorrupción, por lo que existen motivos para mantener una expectativa favorable respecto al futuro de la rendición de cuentas en el país.


Etiquetas:      


¿Qué esperar del Informe de la ASF?

18 / feb / 2015

En México, para el ciudadano común, la imagen de lo público es negativa. Esto incluye a la Auditoría Superior de la Federación (ASF). Quienes participamos en tareas del sector público enfrentamos el escepticismo de amplios sectores ciudadanos.

Esta avasallante realidad se alimenta de lo que pasa hoy pero, en realidad, es el resultado de la distancia que el funcionario público ha generado, desde hace décadas, entre su trabajo y el interés social.

La democracia, pensábamos, solucionaría esta relación de desconfianza. Ahora, queda claro que fuimos ingenuos. Un cuerpo enfermo no necesariamente se cura por el simple hecho de cambiar de doctor, o por renovar la manera en cómo se elige a éste. Una familia fracturada no soluciona sus problemas sin tener que pasar por el amargo trance de una crisis. Creo que ahí es dónde estamos ahora.

Tal vez en 30 o 40 años, con una mayor perspectiva, se pueda entender que esta etapa de desconfianza -donde hay un clamor para que la integridad, la eficiencia, la eficacia y la economía se instalen de manera definitiva en la cotidianidad de los servidores públicos- era necesaria para encontrar un rumbo positivo.

Esta transformación no debe concebirse como algo mágico; por el contrario, debe consistir en establecer una cultura de legalidad, orden, control y rendición de cuentas, creando un sistema donde cada funcionario público enfrente un ambiente liderado por la fiscalización, la transparencia y las sanciones efectivas, en el que sus incentivos personales se alineen con el interés público. De hecho el choque entre el interés personal y de la mayoría, en una democracia, debería catalogarse como conflicto de interés.

Hay dos factores que deben ser ponderados, por quienes toman las decisiones políticas en este país, a fin de contribuir, en la práctica, a que se den los cambios necesarios.

El primero es aceptar que esta etapa negativa de credibilidad e imagen no es un asunto de partidos, es un asunto de Estado. Con base en los argumentos expuestos, se puede construir la hipótesis de que esta crisis se suscitaría independientemente de la composición partidista de gobiernos y entidades públicas. En tanto no se conciba la solución como un asunto sistémico, no hay margen para el optimismo.

Segundo, los problemas vinculados con la gestión gubernamental trascienden al año fiscal. Es cierto que por facilidad operativa, el funcionamiento de los entes públicos debe medirse por años. El presupuesto se aprueba de esa manera y la Cuenta Pública se elabora sobre una base anual. Sin embargo, los incentivos que enfrentan los funcionarios públicos no son anuales sino permanentes; esa es la respuesta a la reiterada pregunta “¿qué partido en el poder fue peor o mejor en cuanto al manejo de los dineros públicos?”.

En este contexto, hoy la ASF presenta el Informe del Resultado de la Fiscalización Superior de la Cuenta Pública 2013. Esta entrega incluye mil 402 auditorías, ocho evaluaciones de políticas públicas y tres estudios. Se incorpora, como lo comenté en otras participaciones, un Informe General en el que se identifican trece áreas del sector público con riesgos que propician la recurrencia de observaciones y que van más allá del año que se revisa.

Sin dejar de cumplir con el marco legal vigente, el Informe que presenta la ASF contribuye a una visión de largo plazo en la búsqueda de que su labor trascienda las coyunturas políticas.


Etiquetas:             


El informe de la Auditoría: objetividad versus emotividad

05 / feb / 2015

El debate público en torno a la problemática existente en la gestión gubernamental, incluyendo por supuesto el tema de la corrupción, se bifurca en dos escenarios: la emotividad y la objetividad. Una ponderación de ambas perspectivas se convierte en la guía para implementar medidas que jueguen una suerte de antídoto contra el problema que se enfrenta.

El componente emotivo se alimenta de un sentimiento de frustración, engaño y desesperanza. El reclamo se convierte en su principal producto; es valioso porque presiona para el cambio. La urgencia es quizás el sello que lo mantiene vivo, pero, al mismo tiempo, el elemento que lo puede conducir a caer en lo inmediato.

Por su parte, el factor objetivo debe basarse en soluciones sustentadas, a su vez, en evidencia, mediciones y/o experiencias documentadas, que proyecten resultados congruentes y bien dimensionados.

El choque entre ambas posturas puede estar en función de diversas variables que van desde las percepciones actuales, la calidad de la información y opiniones a disposición del ciudadano común, el nivel de satisfacción de las necesidades prioritarias, y las experiencias del pasado. El concepto de lo políticamente correcto se sesga generalmente hacia la parte emotiva y se desentiende de la frialdad de lo objetivo.

Pues bien, el ejercicio profesional de la auditoría es una disciplina que debe estar alejada, como elemental sentido de subsistencia, de la parte emotiva del debate público y del sentir social.

Dos son las herramientas con las que cuenta un auditor para poder desempeñar sus funciones cabalmente: independencia y autonomía. La independencia del auditor radica, esencialmente, en la necesidad de que sea ajeno al ente auditado, a la contienda política e, inclusive, a las corrientes de opinión pública, con el fin de realizar su trabajo sobre la base de la veracidad e imparcialidad.

Por su parte, la autonomía es una condición indispensable para que la labor de la institución que fiscaliza, se efectúe al margen de presiones e influencias externas, tanto en la parte técnica de su trabajo, como en la forma de administrar sus propios recursos humanos y financieros.

Desde mi perspectiva, el mayor valor de un ejercicio de auditoría es la información que genera sus resultados. Por ello, el próximo 18 de febrero durante la presentación del Informe del Resultado de la Fiscalización Superior de la Cuenta Pública 2013 ante la Cámara de Diputados -que incluye más de mil 400 auditorías-, la Auditoría Superior de la Federación ha elaborado un Informe General que incluye la identificación de condiciones que dan lugar al surgimiento de vulnerabilidades en 13 áreas vinculadas a la gestión de las entidades públicas. Este tipo de análisis busca generar una corriente en la cultura de la administración pública que se concentre en los asuntos prioritarios en función de su impacto en el conjunto del sector público y permita proporcionar soluciones concretas a problemas estructurales comunes y reiterativos.

Estoy consciente que puede sonar anticlimático decir que los resultados objetivos e imparciales de nuestras revisiones son el mayor aporte de la Auditoría Superior de la Federación, pero precisamente esos son los elementos que pueden alejar a nuestra democracia del riesgo de las argumentaciones simples y los lugares comunes.


Etiquetas: